¿Por qué no debes obligar a tus hijos a compartir?

por qué no obligar a tus hijos a compartir

Muchas familias creen que obligar a tus hijos a compartir es positivo, pero voy a demostrar que es más perjudicial de lo que parece. ¿No me crees? Muchas veces, la obligación de que compartan nace más por una cuestión social, por quedar bien, que por una amabilidad sincera. Te voy a dar algunos ejemplos y qué acciones puedes llevar a cabo en cada situación.

Obligar a tus hijos compartir

La primera razón que te voy a dar es que lo malo de obligar a tus hijos a compartir es precisamente eso, que los obligas. No es lo mismo enseñarles a compartir que forzarles a que lo hagan. En primer término, porque si no les nace un gesto generoso, pierde todo su sentido inicial. en segundo lugar, porque que hagan algo fuera de su voluntad es totalmente contrario a la disciplina positiva.

¿Enseñar a tus hijos compartir en vez de obligar a tus hijos a compartir?

Por las razones anteriores, alguien podría pensar que obligar a tus hijos a compartir no es bueno, pero sí lo es enseñarles. Desde luego es un valor positivo, pero hay que saber cuando es buena idea compartir y cuando no. Vamos con los ejemplos.

  • Déjaselo que es más pequeño.
  • Déjaselo que está triste.
  • Comparte, ahora le toca a él.

Estoy segura de que has oído estas frases mil y una veces: en el parque, en la escuela, o en casa entre hermanos, primos o amigos. Son tres claros ejemplos de por qué no obligar a tus hijos a compartir y ahora te diré por qué.

Arma para obligar a tus hijos a compartir: Déjaselo que es más pequeño que tú

Imagina la situación. Un niño juega con un juguete y otro más pequeño se acerca a cogerlo. Tal vez sea apenas un bebé, con dos tres añitos que le cuesta comprender, y por ternura, incitamos al mayor a compartir. Error.

¿Qué aprende el niño mayor? Que él vale menos que un niño más pequeño. ¿Y qué es lo que enseñamos al niño pequeño? Que su juventud le da derecho a tenerlo todo cuando quiere, sin más motivo que lo que porque él o ella lo desee. Le enseñamos que es el ombligo del mundo.

¿Qué forma propongo? Si el juguete lo permite, incitar al mayor a que le enseñe al pequeño cómo juega con él. Si no, simplemente decirle al pequeño que espere. ASí uno aprende a ser valorado y respetado y el otro, aprende a esperar.

Arma para obligar a tus hijos a compartir: Dejáselo que está triste

Esta frase se usa mucho para obligar a tus hijos a compartir. Se puede decir también, «Déjaselo que no se enfade» y ambas son igual de peligrosas. Continuemos con el ejemplo anterior. Imagina que tras decirle al pequeño que se espere, este no está de acuerdo y se pone a llorar. Entonces usamos una de estas frases mágicas para obligar al grande a compartir.

¿Qué le enseñamos a ambos niños? Que el chantaje emocional funciona y que si quiero algo que me han denegado solo tengo que llorar muy fuerte o gritar muy alto.

¿Qué otra cosa podemos hacer? Dejar al grande seguir jugando y consolar al que está triste o enfadado, reconociendo sus emociones: «Entiendo que estás disgustado porque no tienes lo que quieres» y ayudándole a gestionarlas: «Ahora lo tiene él, cuando ya no lo use, lo podrás usar tú».

Arma para obligar a tus hijos a compartir: Comparte, ahora le toca a él

Vayamos un paso más allá y pensemos que ambos niños quieren el mismo juguete, uno de ellos, sea grande o pequeño, lo tiene desde hace bastante rato y el otro, lo pide de forma educada, con por favor y todo, y ha estado esperando como un campeón.

Muchas veces los adultos, conmovidos por la buena conducta en lugar de los chantajes anteriores, queremos premiarlo con la recompensa de tener su turno.

Sin embargo, esto tampoco debemos hacerlo. Quien tenía primero el juguete, seguramente lo tenga tanto tiempo porque está concentrado jugando. El juego libre no se debe romper, sino que hay que esperar a que acabe. Es injusto interrumpir ese momento de aprendizaje y de disfrute porque otro niño quiera lo mismo a la vez.

¿Qué hacemos entonces?

Dejar al niño que tiene el juguete que siga jugando. Elogiar al niño que espera por su buena conducta, por la paciencia y las buenas formas y anunciarle, que el día o el momento en el que él tenga la oportunidad de tener ese u otro juguete, será respetado de la misma forma, aunque haya otros niños que lo soliciten.

Consejos extra para evitar conflictos al compartir

Si tenemos varios niños en la misma casa o en un aula, así como si montamos una fiesta y sabemos que habrá varios niños y niñas, podemos tomar algunas precauciones para no obligar a tus hijos a compartir y que no resulte en dramas.

  • Tener varias copias de cada juego /juguete de forma que si dos los quieren, puedan usarlo de forma simultánea.
  • Organizar turnos rotativos por los rincones del aula o con los juguetes más populares en casa.
  • Potenciar una cultura de respeto por lo que están haciendo los demás y halagar la concentración para evitar que los niños cambien tan a menudo de actividad.

Conclusión

Me gustaría que ahora seas capaz de comprender que obligar a tus hijos a compartir no es conveniente. ¿Tú qué opinas? ¿Has obligado alguna vez a tus hijos a compartir cuando no era la mejor opción?

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