El tiempo narrativo: aspectos a considerar

Relojes como metáfora del tiempo narrativo que se usa en escritura creativa.

Hoy vamos a hablar sobre el tiempo narrativo. Es un tema complejo que implica introducirnos en muchos conceptos como: tiempo externo, tiempo interno, tiempo interno de la historia y tiempo interno del relato. También trataremos las relaciones de temporalidad, las distorsiones temporales y las distorsiones de velocidad narrativa. Con todo ello, espero que te ayude a la hora escribir tu historia.

Tiempo narrativo externo y tiempo narrativo interno

El tiempo narrativo incluye muchos aspectos que debemos considerar como el tiempo interno y el tiempo externo de la historia, por ejemplo. Antes de nada, vamos a aclarar estos conceptos.

El tiempo externo o tiempo histórico

El tiempo externo o tiempo histórico es la época en la que se desarrolla la historia. Esta condicionará el desarrollo de la trama (aquellas cosas que son viable o no en determinada época), así como la ambientación. El tiempo externo puede ser un periodo histórico del pasado, el tiempo coetáneo al autor, o un tiempo irreal, como es el caso de los relatos de fantasía y ciencia ficción.

El tiempo interno: la historia y el relato

En cambio, el tiempo interno es la duración de la historia. En este caso, también incluimos el orden en el que suceden los acontecimientos (tiempo del argumento) y el orden en el que el narrador decide contárnoslos (tiempo de la trama). Se puede dar el caso de que ambos coincidan (en las historias lineales), pero hay ocasiones en las que el orden de la trama nos presenta los hechos ordenados de diferentes formas, para aumentar la tensión, como es el caso de las historias circulares o las estructuras desordenadas.

Las relaciones de temporalidad en el tiempo narrativo

Otro aspecto a tener en cuenta en el tiempo narrativo es la relación de temporalidad. Según desde dónde nos cuente la historia el narrador se dan varias relaciones de temporalidad.

Hablamos de relación de ulterioridad cuando el narrador cuenta los hechos en pasado, desde un tiempo posterior a la narración. Es la forma habitual que encontramos en la mayoría de las novelas, en particular, los clásicos.

Actualmente está muy en boga el uso de la narración de simultaneidad. Se da cuando el narrador narra desde el presente lo que va sucediendo conforme avanza la historia.

En cambio, podemos referirnos a una relación de anterioridad, cuando el narrador usa el tiempo futuro, es decir, narra unos hechos que aún no han sucedido. Es un tiempo verbal poco usado, muy experimental, y propio, por ejemplo de las profecías.

Finalmente, podemos tener una relación de temporalidad intercalada, si mezclamos varios tiempos verbales en la voz o voces narrativas. Por ejemplo, en las historias que se cuentan a dos tiempos, generalmente separadas por capítulos, una desde el presente y otra desde el pasado, generalmente referida a hechos cronológicos anteriores (la infancia, la juventud de la madre del protagonista, una época histórica anterior relacionada con la trama principal, etc.).

Las distorsiones temporales como recursos del tiempo narrativo

Cuando narramos, distorsionamos el tiempo, incluso sin tenerlo planeado. A veces necesitamos avanzar algo que pasará en un futuro, otras veces necesitamos recuperar algo que sucedió en el pasado, y en muchísimas ocasiones, nos saltamos momentos innecesarios.

Analepsis o flashback: se produce cuando retrocedemos a un momento anterior del tiempo narrativo para contar un suceso que tiene impacto en la situación actual de la historia.

Prolepsis o flashforward: se produce cuando anticipamos un suceso del futuro, con intención de aumentar la tensión dramática. Este recurso solo se puede utilizar si contamos con un narrador que conozca los hechos posteriores, por ejemplo un narrador omnisciente.

Otras distorsiones de velocidad narrativa

Hay otros recursos de tiempos narrativos que generan distorsiones temporales y que, al usarse, pueden mejorar el ritmo de nuestra historia. Esto se debe a que no siempre dedicamos la misma intensidad a narrar cada hecho cronológico, en función de la importancia narrativa que tenga ese momento o de la intención de ritmo del narrador.

Partimos de lo que denominamos escena, que sería los hechos narrados al mismo ritmo al que están sucediendo. Esto rara vez sucede del principio al final de la historia, ya que para unos hechos que suceden en veinticuatros horas, tendríamos un tiempo de lectura de veinticuatro horas. es decir, narrado minuto a minuto. Se utiliza en algunos casos para relatos más experimentales, pero en general, lo encontraremos solo en algunas parte del texto narrativo, intercalado con los recursos que veremos a continuación.

Por un lado, tenemos un recurso que solemos utilizar incluso de forma inconsciente. Se trata de la elipsis. Usamos elipsis en los momentos temporales sin interés para la trama que decidimos saltarnos. Pueden ser unas horas, días o semanas o incluso, meses y años. Por ejemplo, el protagonista realiza acciones cotidianas sin interés para la trama, como ducharse, desayunar, leer un libro, llamar a su madre o ponerle comida al gato. Otro ejemplo sería cuando arrancamos con una escena de la infancia y saltamos en el siguiente capítulo a sus años de juventud. Estas elipsis pueden ser explícitas: cuando las marcamos con adverbios de temporalidad como:

«Al día siguiente… / Esa noche…/ El miércoles siguiente… / Tres años después…»

El siguiente recurso narrativo que genera un distorsión temporal es la pausa. Esta se genera cuando detenemos las acciones. Por ejemplo, se da cuando introducimos una descripción. Esto tiene como consecuencia una bajada del ritmo narrativo.

Además, podemos jugar con cambios en la velocidad narrativa que impliquen acelerar los hechos, a través de un sumario, o decelerar, osea bajar la velocidad de la narración de los hechos para detenernos en un momento particular. Con la primera opción, el sumario, conseguimos resumir una gran cantidad de sucesos que tienen importancia para la historia, pero que no generan el mismo impacto emocional, mientras que cuando deceleramos, aumentamos la intensidad, a pesar de que bajamos el ritmo. Es como cuando en el cine usan el efecto a cámara lenta.

Conclusion

Espero que esta explicación sobre el tiempo narrativo y todas las posibilidades que nos ofrece a la hora de narrar te haya resultado interesante. Creo que es un tema que se suele valorar en pocas ocasiones, y que generalmente se deja a la intuición usar un recurso temporal u otro, pero es importante conocer los diferentes recursos narrativos de tiempo para elegir de forma consciente qué ayuda a nuestra historia en un momento particular.

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NOTA: Este artículo ha sido escrito con inteligencia humana. 

Gracias por leerme.

Fotos de cabecera:  Tima Miroshnichenko via Pexels

2 comentarios

  1. Julio Ramón Carmona Limón

    Interesante. No obstante, aunque escribamos sobre la realidad, el tiempo de la realidad vivida no es el mismo, o igual, que el tiempo de la realidad novelada. La realidad vivida es impuesta, la novelada es elegida. En esta elección, tampoco es igual el tiempo del escritor de la historia que el tiempo del lector de esa misma historia porque el lector la reescribe. Sólo son matices, pero escribir es eso: matizar una realidad que al segundo de suceder deja de existir como tal.

    • Absolutamente filosófico este tema del tiempo. Gracias por tu aportación, Julio.

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