Las fortificaciones en la Península Ibérica hasta la Edad Media

LAs fortificaciones en la Península Ibérica: Los Milllares

Vamos a conocer una breve evolución de las fortificaciones en la Península Ibérica hasta la Edad Media. El tema lo eligieron los lectores del blog en al encuesta que se realizó por el aniversario del mismo, ganando por pocos votos de diferencia con respecto al artículo de James Bond.

Para ello, haremos una rápida mención al origen de las fortificaciones. Luego hablaremos de las fortificaciones en la Edad del Bronce y Hierro en la península, los cambios en la época romana y finalmente las fortificaciones de la Edad Media. En este apartado hablé primero de los sistemas defensivos de época alto medieval y  a continuación de los islámicos.

El origen de las fortificaciones

El origen de las fortificaciones lo encontramos, como casi todo, en el Próximo Oriente. El desarrollo de la agricultura trae consigo la sedentarización, que crea el concepto de territorialidad, y la creación de excedentes, que lleva implícito el deseo de protección. Así, surgen recintos cerrados de estructura simple, como Catal Huyuk, o más complejos como Jericó. Se desarrollan también en este periodo las armas de guerra, en contraposición a las armas de caza que existían hasta ese momento.

Reconstrucción de Catal Hüyuk

El origen de las fortificaciones en la Península Ibérica

El origen en la península ibérica se remonta al Calcolítico ( o Edad de Cobre) con tres características:

  • Traza irregular y aparejo tosco que denota la debilidad de sus muros.
  • Multiplicación de las líneas de defensa por el conocimiento del territorio.
  • Complejidad de los flanqueamientos, con un desarrollado sentido táctico en  el uso de torres y fosos.

En este periodo hay tres tipos de plantas:

  1. Complejas como El Zambujal y Los Millares.
  2. Simples, que son la mayoría de las encontradas.
  3. Aldeas fortificadas, que serían aquellas con menos de 900 metros cuadrados.

Las fortificaciones de la Edad del Bronce en la Península Ibérica

En la Edad del Bronce encontramos poblados con y sin murallas, lo que nos indica una jerarquización del territorio. Debemos destacar el llamado «Bronce Valenciano» que ubica los poblados en las cimas con pequeñas fortificaciones, murallas adosadas y sin elementos anexos, con excepción de, en ocasiones, una pequeña torre. Las características de las fortificaciones de este momento son:

  • Empobrecimiento de recursos y estrategias defensivas.
  • Simplificación de plantas y escasez de obras anexas.
  • Aumento del número de fortificaciones desde el Calcolítico por la sedentarización.
  • No aporta innovaciones, sino que continúa la tradición Calcolítica.
  • Los materiales son bloques sin trabajar y tierra.

Las fortificaciones de la cultura ibérica

Con la llegada del mundo ibérico evoluciona el concepto de guerra. Fernando Gracia defiende la aparición de la sustitución de la guerra homérica (en combate individual entre aristócratas) por la guerra en formación compacta (en grupo) en el siglo IV a. C. Pierre Moret es de la opinión de que la guerra evoluciona por influencias externas para aumentar el prestigio social. Citando a Fernando Gracia (2003, p. 36):

«La existencia de una concepción militar compleja tiene su máxima expresión en el sitio y asedio de fortificaciones. El grado de conocimiento técnico desplegado por los iberos en construcción y defensa de sus ciudades no es el resultado de una improvisación puntual, sino la consecuencia de una doctrina militar perfectamente conocida y asumida, al menos, desde el siglo IV a. C., y con toda seguridad en el siglo III a. C.«

Las fortificaciones de la Hispania Romana

Con la conquista romana se dan cambios importantes. Dentro del propio mundo romano hay una evolución clara de las defensas.

  • Con Servio Tulio, se realizaba una zanja en «v» y un muro ataludado con doble paramento de mampostería.
  • En época helenística aparecen las torres cuadradas huecas para albergar maquinaria de guerra, los lienzos se alargan y aparecen los antemurales.
  • Ya en época imperial, con la llegada de la Pax Augusta, las murallas son meramente simbólicas.
  • En los siglos II y III d.C. aparecen torres circulares (muralla aureliana) y la construcción era rápida por el miedo a las razzias.

En la Península, la pacificación hizo innecesaria la construcción de grandes murallas, por lo que éstas fueron de escaso grosor y con pequeñas torres, como Tarraco. Las incursiones de los mauri, fue un hecho puntual que nos dejó escasos restos, como Munigua.  Desde finales del siglo III al IV se construyen por la inestabilidad general potentes murallas con torres cercanas y adelantadas y sillares reutilizados, como en el caso de León.

Las fortificaciones de la Edad Media peninsular

La defensa en el alto medievo

En el alto medievo se fortifican los núcleos urbanos (siglos IV-VI) por el poder central, volviendo a la idea de ciudad fortificada, pero reduciendo el perímetro. Se transforman las ciudades tardorromanas en altomedievales como en Tarraco, Barcino, Conímbriga, Emerita Augusta, Valentia… y se crean nuevas ciudades como el Tolmo de Minateda (en Hellín, Albacete) y Recópolis. El sureste se caracetriza en este momento por el conflicto grecogótico, es decir, el enfrentamiento entre los bizantinos asentados en Cartagena, y los visigodos con sede en Toledo.

Sistemas defensivos del mundo islámico en la Península Ibérica

Con el dominio islámico las fortificaciones evolucionan de la mano de la política. Las primeras fortificaciones se construyen ex novo con una tipología:

  • husun: refugios en altura, que desaparecen en el Califato (s. X) en favor de las medinas y las alcazabas.
  • qasaba: (alcazaba) ciudad en llano para la residencia del gobernador y la guardia.
  • qal’à: ubicada en llano para l población árabe.
  • Con los omeyas aparece dos nuevas formas:
  • qurà: en llano para población mixta.
  • qars: alcázar.
  • ribats: centro militar y religioso ubicado en los sitios fronterizos. Un ejmplo cercano es La Rábita de Guardamar.

Con los reinos de taifas  y la consecuente fragmentación del territorio aumentan las fortificaciones. Los tipos son:

  • Emblemáticas: palaciegas con acceso en recodo y torre del Homenaje.
  • Fronterizas. militares.
  • Husun: refugios.
  • Otras: cuevas artificiales, etc.

Sabemos que los almorávides recaudaban un impuesto para cercar las ciudades, pero los restos son muy escasos. Los almohades destacaron por las fortificaciones urbanas, realizadas en tapial, con antemuros, torres poligonales y obras de aprovisionamiento como aljibes. De estas hay abundantes restos y el Palacio de Altamira de Elche es un ejemplo.

El Palacio de Altamira de Elche es de origen islámico.
El Palacio de Altamira de Elche es de origen islámico.

Conclusión

Espero que esta breve historia de las fortificaciones en la Península Ibérica os haya resultado fácil de entender y entretenida. Supongo que a los más expertos en el tema les puede parecer algo simplista, porque está muy resumida, pero la idea es que sea útil para los ajenos al tema.

¿Te gustan los sistemas defensivos?¿Qué periodo crees que tiene las mejores fortificaciones? ¿Qué elementos defensivos te parecen los más interesantes?

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Gracias por leerme.

3 comentarios

  1. ¿y nunca hubiéramos sido sedentarios no habría «miedo» a ataques enemigos?

    Suena bien pero sería una pérdida para la literatura/cine/comics/juegos de rol que no nos podíamos permitir.

    🙂

  2. El artículo está muy bien ! ´Te lo dice alguien de historia ! 😀

    Será muy dificil analizar todas las causas desde un puto de vista critico-científico de porqué las ciudad empezaron a fortificarse, cuándo, y cual fue la primera.

    En este sentido os invito a ver mi blog, está actualizado y habla de las fronteras medievales en hispania, cosa íntimamente relacionada con las fortificaciones. Un saludo !

    http://valhalex.blogspot.es/1240178160/

  3. Yo no pude eviatr dejar de pensar mientras lo escribía, ¿es entonces la agricultura la culpable de todos los males del hombre?

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